Parece que fue ayer

Parece que fue ayer… esta es una de esas entradas sentimentaloides en que me pongo a recordar, pero en fin, todos tenemos derecho a esos momentos de vez en cuando, y además creo que la ocasión lo merece.

Tal día como hoy, hace 10 años, fue mi graduación como fisioterapeuta, parece increíble, pero es cierto. Allí estaba yo, tras superar esos 3 intensísimos años de carrera (nuestra carrera era tan intensa que hasta el mismo día de la graduación estuvimos trabajando, pues algunos alumnos teníamos por la mañana el examen práctico de la asignatura Fisioterapia Manipulativa…), bien peinada (cosa rara en mi), vestida para la ocasión, con mi familia, compañeros, profesores… en ese acto institucional de celebración y comienzo de una nueva etapa. En aquella época, aquello me resultaba un tanto exótico y americano, la mayoría de mis amigos y conocidos que estudiaban otras carreras no celebraban graduación, pero, por lo que observo en las nuevas generaciones, parece que hoy se ha convertido en una especie de rito de paso que cumplen muchos estudiantes de este país.

En aquel momento no podía imaginar la cantidad de cosas que me podían llegar a ocurrir en los siguientes 10 años (y, bien mirado, quién sabe lo que me espera en los 10 próximos, contando desde hoy), lo veía como algo muy lejano, pero ya sabemos cómo pasa el tiempo, casi sin darnos cuenta. Cambios en el mundo, cambios en las personas, así es la vida, que también se mueve.

Desde entonces, varios trabajos por cuenta ajena en distintos ámbitos, cada uno con sus ventajas e inconvenientes, aunque todos bastante precarios, varios años haciendo churriterapia, algún que otro paciente a domicilio, etapas de mucha formación (cursos por aquí y por allá), crisis de identidad, incluso me dio tiempo a estudiar de nuevo en la Universidad, esta vez la Licenciatura en Antropología Social y Cultural, de lo cual nunca me arrepentiré, pues de aquella experiencia me llevo grandes amigos y sobre todo, una forma de analizar la realidad que me rodea que ya nunca será la misma (y no sólo la realidad, también me ayuda en mi trabajo diario, pues no hay que subestimar la influencia psico-social en la percepción de la salud y enfermedad, eso es algo de lo que cada vez se habla más en las nuevas tendencias en salud).

Diez años después de aquel día, aquí estoy, intentando sacar adelante mi pequeño negocio que aún no llega a un año de vida, en otra fase intensa de formación, tanto en técnicas y procedimientos de fisioterapia como en gestión, administración, etc., viviendo la fisioterapia como nunca antes lo había hecho, esta profesión tan sacrificada y difícil, pero al mismo tiempo tan gratificante, aprendiendo cada día de los errores que voy cometiendo, que, como ser humano que soy, son muchos, pero disfrutando también de los aciertos, y enriqueciéndome con la gente que voy conociendo. Ahora además de fisioterapeuta soy empresaria, un término con el cual no me termino de identificar, me gusta más autónoma (o, como dice un antiguo compañero de trabajo, emperdedora), difícil pero apasionante aprendizaje en el que estoy embarcada. Lo que tampoco podía imaginar es que, a día de hoy estuviera compaginando tantas tareas, pues soy Fisioterapeuta, Community Manager, limpiadora, gestora, telefonista, recepcionista… eso sólo en el trabajo, y a todo ello hay que añadirle por otra parte la vida personal, la inmersión en el mundo de la fisioterapia 2.0 y el mundo tuitero fisioterapéutico, del que estoy aprendiendo tantísimo (¡viva la inteligencia colectiva!)…

En fin, muchas cosas desde aquel 10 de julio de 2004, ese día tan emotivo, por qué no decirlo, donde cerramos la etapa universitaria y con ello la relación con muchos compañeros a los que nunca más he visto desde entonces.

Y, paradójicamente, cuantos más años que pasan, cada vez voy con más prudencia en mi trabajo diario, cuanto más conocimientos voy teniendo y más pacientes trato, más me da la impresión de que me queda mucho por aprender, quizás sea porque, cuando uno termina, piensa que sabe mucho, y hasta que no te das de bruces con la realidad no vas aprendiendo por dónde van los tiros, o, como decía un profesor mío del Curso de Especialista en Acupuntura en la Universidad Pablo de Olavide, Francisco Javier Espinosa, gran médico y mejor persona, “La ignorancia es muy atrevida”…. cuántas veces he recordado esa frase a los largo de estos años, cuánta razón tenía…

Esperemos cumplir 10 años más, poderlos vivir, y quién sabe dónde o cómo me encontraré entonces, espero estar siempre con los ojos bien abiertos y las mismas (o más) ganas de aprender, dándolo todo y poniendo todo el amor en lo que hago.

Comentarios (3 de respuestas)

  1. Agustín dice:

    Sigue haciendo mucha falta gente enamorada de su profesión. Continúa con esa fuerza y ese empuje, intentando ser cada día mejor y poniendo todo tu cariño en lo que haces. Para mí, ya eres la número uno.

  2. Macarena dice:

    Ole, olé y oleeeee!!!
    A por otros diez y mejores.

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