Los efectos adversos en Fisioterapia

A veces, en determinadas publicaciones promocionando la fisioterapia, aparece como argumento la idea de que nuestra profesión no tiene efectos secundarios o adversos comparado, por ejemplo, con los medicamentos, infiltraciones y otro tipo de intervenciones sanitarias. Pues bien, esto es cierto solo a medias. Es verdad que tras realizar sesiones de fisioterapia no nos va a aparecer un problema de hígado, estómago, etc., efectos que pueden derivarse de tratamientos largos con determinados medicamentos, pero, ¿realmente con la fisioterapia nunca se producen efectos adversos? La respuesta es ROTUNDAMENTE NO, aunque no suelen ser graves. Poco (o nada) hay en la literatura científica escrito sobre este tema.

En fisioterapia utilizamos multitud de técnicas de terapia manual, electroterapia, ejercicio terapéutico, vendajes… y en todas ellas se producen movimientos y cambios en el cuerpo que pueden dar algún tipo de reacción o molestia posterior aunque no siempre ocurra (y estoy hablando en una práctica clínica normal, sin entrar en mala praxis). No suelen ser cosas muy graves (los efectos adversos de carácter grave o muy grave se dan en un porcentaje pequeñísimo de nuestra actuación), pero sí pueden llegar a ser molestas. Cualquier fisioterapeuta que trabaje sabe que a veces pasa que, cuando tratamos un paciente, puede tener sensaciones fuertes o diferentes, molestias, etc., al día siguiente.. Esto depende de muchas cosas, ¿por qué hay gente que responden regular inicialmente a la terapia y otras no? Generalmente depende del tipo de paciente (su sensibilidad, sus expectativas, lo que hagan tras la sesión…), de lo fuerte que haya sido la estimulación que hayamos dado, la dosificación de la terapia, si hemos usado técnicas invasivas (siempre habrá mayor probabilidad de efectos adversos). En fin, como veis, son muchos los factores a considerar. No estoy muy de acuerdo con la idea de que después de ir al fisio necesariamente tienes que estar como si te hubieran dado una paliza.

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Voy a contaros un poco los efectos adversos más comunes que se suelen dar en la consulta, y así sepáis de qué va la cosa y no os asustéis si alguna vez os ocurre (aunque yo suelo advertir a mis pacientes). Para empezar, algo sencillo, con relativa frecuencia podemos tener efectos en la piel como irritación en la zona, picores, reacciones alérgicas, etc., cuando utilizamos cremas, vendajes… Esto es imposible de saber de antemano a no ser que sepamos que el paciente es sensible o alérgico a algún producto o material. A veces, tras realizar técnicas de masaje muscular, presiones o punción seca en puntos gatillo, etc., pueden aparecer hematomas, sobre todo con la punción. Los hematomas con los masajes aparecen más fácilmente si la persona que los recibe está anticoagulado o le salen fácilmente; si no, realmente hay que apretar mucho para que salgan. Por supuesto, si realizamos cupping (o aplicación de ventosas fijas de toda la vida, eso que se ha puesto muy de moda gracias a los juegos olímpicos) este va a ser un efecto directo (aunque no es mi caso porque solo las uso de manera dinámica a veces para ciertas cuestiones). Las molestias en las zonas tratadas con diversas técnicas de terapia manual pueden aparecer a veces tras la sesión o en días posteriores, sobre todo al día siguiente, y hay mayor probabilidad si aplicamos punción seca (el dolor postpunción es el efecto secundario más frecuente de la punción), aunque también a veces aparecen tras aplicar electroterapia. En otras ocasiones, podemos encontrar sensación de pesadez o agujetas tras realizar ejercicio terapéutico, pues estamos activando nuevamente músculos que teníamos “olvidados”. Estos son los efectos adversos más comunes en la práctica diaria de la fisioterapia; podrían darse casos más graves derivados de una mala práctica o bien porque el paciente presente una enfermedad que desconozca, o esté tomando algún medicamento y lo haga más vulnerable a padecerlo (por ejemplo, podríamos tener un paciente con osteroporosis grave que no lo sepa o no nos lo cuente, y al realizarle una movilización articular intensa o una manipulación articular, zas!, fractura). Por esta razón, si eres paciente y vas al fisioterapeuta, te aconsejo que digas siempre las enfermedades, operaciones, medicación que tomes… aunque a priori a ti no te parezca importante, pues podría interferir en nuestro tratamiento, haciendo que exista alguna contraindicación o que tengamos que seguir alguna precaución especial. Y si tienes dudas sobre cualquier procedimiento fisioterapéutico, no te cortes y pregúntale a tu fisio. Una buena idea también es hacer un poco de caso a las indicaciones que te de tu fisioterapeuta, sobre reducir el ritmo de actividad los días posteriores, realizar algún ejercicio concreto…

Como fisioterapeutas, tenemos que conocer las contraindicaciones absolutas y las precauciones que hay que seguir en casos especiales, los riesgos que conllevan nuestras actuaciones, y, por supuesto, actuar con cautela (si sabemos que una técnica tiene el mismo efecto que otra con más riesgo, por qué utilizar la más “peligrosa”?). Si trabajamos con seguridad la probabilidad de que aparezcan efectos secundarios de va a minimizar considerablemente, así que, tomemos las precauciones necesarias.

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