Estrés, sedestación prolongada y falta de ejercicio físico; algunos factores de índole cultural relacionados con el dolor de espalda

En esta entrada de blog, como adelanté, voy a hablar sobre la influencia de 3 factores relacionados con nuestra cultura bastante frecuente en personas con  dolor de espalda: el estrés, el sedentarismo y la falta de ejercicio físico.

El estrés laboral y emocional mantenido es uno de los factores más importantes en la aparición del dolor de espalda (y también de otros problemas de salud). Esto es algo completamente lógico, pues el estrés es una respuesta necesaria del organismo ante situaciones de amenaza, pero cuando se convierte en crónico, comienzan los problemas.

El estrés es una respuesta fisiológica del organismo en la cual se van a poner en marcha una serie de mecanismos neuroendocrinos, que darán lugar a reacciones por parte de nuestro cuerpo. Esto quiere decir que el estrés es fundamental para la supervivencia, es útil y funcional mientras tenga una duración determinada.

Cuando percibimos una amenaza, se activa el sistema nervioso simpático y se empiezan a liberar hormonas que hacen que se nos acelere el pulso, aumente la cantidad de glucosa disponible en la sangre, se agudicen nuestros sentidos, se tensen los músculos… todo ello para preparar el cuerpo para la huída. Mientras esto ocurre nuestro sistema nervioso no para de trabajar, produciendo sinapsis neuronales, recibiendo información y dando órdenes al cuerpo. Si mantenemos esta situación de manera indefinida, el cuerpo puede llegar a entrar en una situación de sobrecarga.

Algunas de las consecuencias del estrés mantenido en el tiempo son: inmunodepresión, problemas del sueño, ansiedad, problemas gastrointestinales, cefaleas, dolores musculares, depresión, problemas sexuales… todos ellos relacionados también con la aparición de dolor.

Solo la tensión muscular mantenida que aparece con el estrés ya podría explicar por si sola la aparición del dolor (de hecho, el estrés es uno de los factores de aparición y perpetuación del Síndrome de Dolor Miofascial, como explico en este post. Pero si esto lo unimos a todo lo anterior, o, como siempre digo, si compramos todas las papeletas de la rifa…. Bingo!!!

Y, cuidado, no estoy diciendo que todo sea psicológico, pero desde luego no podemos negar que es un factor importante. Los fisioterapeutas nos encontramos cada día con personas que tienen dolores de espalda que se reducirían en gran parte solamente si llevaran una vida un poco más tranquila.

Después de esta breve explicación sobre las consecuencias del estrés, vamos con el sedentarismo, uno de los más importantes problemas del estilo de vida actual. Cuando hice mi formación del Método Mckenzie®, nuestro profesor, Grant Watson, puso en su presentación una imagen que era la primera vez que veía y me pareció fantástica, aquí la tenéis.

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Pues sí, hoy sabemos que pasar muchas horas sentado es causa de infinidad de problemas de salud. Aquí puedes consultar esta noticia reciente, pero si nos vamos a cualquier buscador en Internet encontraremos muchísimas más.

Con respecto al dolor de espalda, hemos de tener en cuenta que cuando se pasan muchas horas sentado solemos recurrir a posiciones mantenidas y forzadas, que normalmente no son las más adecuadas. Una gran cantidad de puestos de trabajo hoy día exigen una sedestación prolongada, a veces hasta 10 horas o más.

Nuestro cuerpo está diseñado para moverse, no para estar parado tanto tiempo. Muchos de los pacientes que acuden a nuestras consultas aquejados de dolor cervicales / lumbar trabajan sentados en una oficina. Si recreamos la postura que normalmente nos encontramos en estos casos durante muchas horas al día, generalmente abundan las cabezas adelantadas (protracción cervical), una flexión de espalda generalizada, los hombros adelantados y encogidos (y algunas veces uno de los dos elevado para coger el teléfono y dejar libre las manos para escribir)… A esto tenemos que sumarle que en muchas ocasiones los asientos no son adecuados, la mesa no está a una altura correcta, el ordenador está colocado de modo que obliga a realizar una rotación cervical constante para trabajar…

En estas circunstancias, no es de extrañar que durante el trabajo aparezcan molestias, fatiga, pero también puede aparecer pesadez y sobrecarga muscular después de trabajar.

Las molestias que aparecen durante el trabajo a veces pueden aliviarse sencillamente moviéndose un poco / cambiando de postura. En una situación de postura mantenida forzada, por ejemplo, una flexión mantenida de la espalda, las estructuras corporales (músculos, ligamentos, médula, etc) situadas en la región posterior estarán colocadas en una posición sobreestirada; llegará un momento en que, por un lado, los receptores de posición informarán al cerebro para que nos movamos retornando la espalda a una posición más neutra, y además, pueden aparecer molestias por isquemia en estas estructuras (sobreestiradas, pueden comprimir los vasos sanguíneos y hacen que el oxígeno y los nutrientes no lleguen adecuadamente a su destino, así que el cuerpo nos avisa de que hemos de movernos con dolor).

Si prolongamos esta situación, quizás aparezcan sobrecargas musculares, disfunciones articulares, lumbalgias crónicas… y otros problemas de salud. Definitivamente NO es natural ni sano pasarse 10 horas al día sentado. He dicho.

La próxima vez que estés trabajando en el ordenador y te aparezca una molestia de este tipo, observa cómo estás colocado, y prueba solo a cambiar de posición, levántate y muévete un poco, camina un par de minutos, realiza un estiramiento… es posible que solo con esto consigas aliviarte. Cuando vuelvas a sentarte, intenta colocarte en una posición más adecuada, respetando un poco más las curvaturas de tu espalda. En otra entrada de blog más adelante daré una serie de consejos más específicos para estos casos.

Por último, pero no por ello menos importante, tenemos la falta de ejercicio físico. Voy a recurrir a un slogan publicitario de hace unos años, que decía “O te mueves, o caducas”. Pues aunque está dicho de un modo un poco grosero, en el fondo es así (y no solo refiriéndonos al cuerpo). El ser humano ES movimiento (nos movemos para relacionarnos con el medio que nos rodea, y dentro de nosotros, nuestra sangre se mueven para aportar nutrientes a todo el organismo y recoger las sustancias de deshecho, millones de impulsos eléctricos van de un lado a otro transmitiendo información, nuestras articulaciones se mueven…). Por tanto, NECESITAMOS movernos para estar sanos y para prevenir el dolor. En la entrada anterior ya comenté la actual tendencia a la polarización social en este aspecto. Si perteneces al bando sedentario, tus músculos no estarán bien tonificados, tus articulaciones “se oxidan”… y necesitarás crear un hábito para empezar a ponerte en forma, llámese gimnasio, correr, bailar… lo que sea QUE TE GUSTE, la cuestión es moverse (obviamente de manera responsable y progresiva y conociendo nuestros límites). Como decía un profesor que tuve, la cuestión es activarse. Muchos pacientes dicen que el ejercicio físico que hacen es pasear. Caminar está bien, es lo mínimo, pero no es suficiente, hay que hacer algo más. Si necesitas ayuda o asesoramiento puedes acudir a profesionales del mundo del deporte que te aconsejen sobre actividades que te pueden ayudar a mejorar tus molestias, progresión / técnicas de entrenamiento según tus objetivos… y por supuesto si hay dolor y/o lesiones, los médicos y fisioterapeutas serán grandes aliados en ese proceso de activación.

¿Te has convencido ya de la importancia de estos factores? Una vez más, la cultura cobra protagonismo en los procesos de salud / enfermedad. Podemos establecer algunas comparaciones, por ejemplo, con nuestro propio país pero hace 50 años. Podemos imaginarnos a nuestros abuelos, muchos de ellos pertenecientes a un entorno rural, la agricultura era un pilar económico fundamental en muchas familias. Muchos de ellos tenían que ir caminando varios kilómetros al trabajo, los que tenían más suerte, en bicicleta. Una vez allí, tenían que aguantar bastantes horas realizando la tarea que tuvieran asignada, y al terminar, otra caminata. Nuestras abuelas, o bien trabajaban en su propia casa realizando las tareas del hogar y la crianza de los hijos, o bien servían a otras familias más adineradas, y en algunos casos también se dedicaban a ciertas tareas del campo. Una pequeña minoría se dedicaba a otras ocupaciones. Entonces no existían lavadoras, lavavajillas, aspiradores, secadoras… con lo que todas las tareas tenían que realizarlas a mano, lo que suponía una importante carga de trabajo para ellas. Os preguntaréis a dónde quiero llegar con esto. Pues lo primero, en esta época, por la forma de vida imperante, estaba constantemente en movimiento, por lo que no necesitaban crear ese hábito de hacer ejercicio como ocurre hoy día. Además, las prisas y el estrés actual tampoco lo tenían, vivían más en contacto con la naturaleza y no daban tanta importancia a pequeñas molestias que pudieran aparecer. En fin, al ser una cultura diferente, se enfermaba (y se otorgaba significado a la enfermedad y los padecimientos) de forma diferente (ni mejor ni peor).

Gordon Wadell, en su obra “Back Pain Revolution”, imprescindible para entender el dolor de espalda en la actualidad, habla sobre la sociedad de Omán en los años 80, una cultura donde el dolor de espalda era tremendamente frecuente, pero la gente no le daba importancia. Lo que viene a decir es que el dolor de espalda en este tipo de sociedades no causa tanta discapacidad como en las sociedades occidentales, y esto es clave. De hecho, afirma que la introducción de la medicina moderna en las sociedades va pareja con la conversión del dolor lumbar crónico en un problema de salud pública. Quizás desde el sistema biomédico le hemos otorgado demasiada importancia al dolor de espalda, medicalizándolo en exceso y convirtiéndolo en crónico. Si nos remontamos al ejemplo que he puesto podemos ver ciertas similitudes, porque en aquella época el acceso a la medicina era bastante más complicado que ahora, y además no existían las modernas técnicas de imagen de las que disfrutamos actualmente, entre otras cosas.

Con estos tres factores vemos, una vez más, la importancia de la cultura en los procesos de salud / enfermedad. La manera en que vivimos, heredada y al mismo tiempo en constante cambio, nos sirve para relacionarnos con nosotros mismos, con otras personas y con el medio que nos rodea, y también para otorgar significado a aquello que nos ocurre, y por supuesto el dolor, aunque tiene una base biológica, es una construcción cultural más, como también lo son la economía, la política y las relaciones de sexo-género, por citar algunos ejemplos.

En cualquier caso, como siempre, habría que analizar de manera individualizada cada caso, para poder determinar las causas e identificar todos los factores que están contribuyendo a la aparición del dolor de espalda.

Si tienes un dolor de espalda, los fisioterapeutas te podemos ayudar, no desperdicies nuestro potencial. Esta ayuda debe ir encaminada a la comprensión del paciente sobre el problema y al automanejo del mismo, devolviéndole el protagonismo en su recuperación, porque actualmente gracias a la investigación ya sabemos que las terapias pasivas por si solas no ofrecen demasiados beneficios en el tratamiento del dolor de espalda.

En la próxima entrada de blog, daré algunos consejos para aliviar esas pequeñas molestias que aparecen en el día a día especialmente en aquellas personas que trabajan muchas horas sentadas. Hablaremos fundamentalmente de postura, descanso y movimiento.

Comentarios (Una respuesta)

  1. Elizabeth Montoya dice:

    Me pareció muy buen artículo, excelentes fotografías y comentarios que sensibilizan con los efectos secundarios por la falta de movimiento

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