El Síndrome de la Cintilla iliotibial: qué es y qué podemos hacer para tratarlo

Ha llegado una época del año es que muchas personas que se preparan para eventos deportivos como el maratón de Sevilla empiezan a darse más caña, y en consecuencia aparecen molestias, dolencias que obligan a parar los entrenamientos, ir al fisio y preguntarse qué está pasando. Una de ellas es el dolor consecuencia de la temida cintilla iliotibial, lesión compleja, pues en su gestación intervienen multitud de factores, y además el pronóstico en cuanto al tiempo de curación es complicado (aún la investigación es insuficiente a este respecto). Por ello he pensado que era un buen momento para escribir una nueva entrada de blog sobre este tema, ya que me encuentro en consulta estos casos con mayor frecuencia.

La banda iliotibial es un tejido fascial que va desde la cadera (se ancla al músculo tensor de la fascia lata) hasta la cara lateral de la rodilla, por toda la cara externa del muslo.

Las funciones de esta banda son varias. Participa en los movimientos de separación de la cadera, en la flexión de rodilla entre 30-60º y además estabiliza lateralmente la rodilla.

El síndrome de la cintilla iliotibial como tal parece que es una inflamación del tendón de la banda iliotibial, que se inserta en la cara lateral de la rodilla, y a veces también una inflamación de la bursa. Se piensa que se origina por un exceso de fricción entre la banda iliotibial y el cóndilo femoral externo.

Es una lesión muy frecuente en deportistas, especialmente en ciclistas, y sobre todo en corredores.

Se trata de una lesión por sobreuso, de instauración progresiva, esto es, el dolor va apareciendo poco a poco y generalmente va a más si no paramos. Es un dolor difuso, tipo quemazón al incio, o punzante en fases más avanzadas en la cara lateral de la rodilla, a veces recorre también la cara lateral del muslo, y en ocasiones se acompaña de un “click” durante la marcha o la carrera. Puede llegar a obligar a parar  la actividad y en casos más agudos puede doler tras la actividad deportiva, caminando, subiendo / bajando escaleras e incluso en reposo.

Algunos factores que favorecen su aparición son:

»Estructurales: pisada con exceso de pronación, genu-varo, dismetrías en los miembros inferiores, disminución de los arcos de movilidad de tobillos…

»Desequilibrios neuromusculares: muy frecuente la debilidad de glúteo medio.

»Falta de estiramiento posterior al entreno.

»Entrenamiento en superficies excesivamente duras o en cuestas.

»Inadecuada técnica de carrera.

»Sobreentrenamiento / sobrecarga.

De todos ellos, para mí los más importantes serían los desequilibrios musculares y el exceso de carga.

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¿Qué se puede hacer para prevenir?

Pues bien, para prevenir la aparición de esta lesión, se aconseja utilizar siempre calzado adecuado (recordad que las zapatillas hay que renovarlas cada cierto tiempo), estirar bien tras los entrenamientos, llevar un descanso adecuado (cuidado con sobreentrenar y exigir al cuerpo más de lo que puede dar), descargar de vez en cuando las piernas con masajes y por supuesto, y para mí lo más importante, complementar vuestro entrenamiento de running con días de trabajo de fortalecimiento muscular de espalda, pelvis y miembros inferiores, al menos (y si podéis brazos también claro). Esto último es algo que muchos pasáis por alto, no le dais importancia, y para correr adecuadamente y sobre todo si queremos introducirnos en carreras de mayor kilometraje hay que estar en forma y con un buen control neuromuscular, y esto es algo que hay que entrenar. De todo ello hablo en esta entrada de blog .

¿Y qué hay del tratamiento? ¿Se puede hacer algo?

Que no cunda el pánico porque existe tratamiento para esta lesión, eso sí, para obtener buenos resultados se necesita de vuestra colaboración más absoluta. La alianza terapéutica será aquí clave.

El tratamiento de esta dolencia dependerá fundamentalmente de la fase en que el paciente esté.

La investigación nos muestra que, aunque es necesaria más investigación, el tratamiento debe centrarse en programas de fisioterapia basados en estiramiento de la banda iliotibial, así como fortalecimiento de la musculatura estabilizadora de la cadera y pelvis durante al menos 6 semanas (aunque es necesaria más investigación). Esta parte es la más importante del tratamiento. El fisioterapeuta podrá ayudarte dándote las pautas de ejercicios adecuadas y a través de otras técnicas de terapia manual, electroterapia, vendajes… todo en función de la valoración, como siempre (dependerá si hay puntos gatillo miofasciales, rigidez en alguna articulación…).

Por fases, tenemos que en una fase inicial, aguda, el deportista deberá reposar de la actividad, tomar fármacos analgésicos, aplicar hielo local, realizar estiramientos suaves, además de fisioterapia más encaminada a aliviar el dolor y relajar musculatura.

En una segunda fase, cuando ya el dolor más agudo ha pasado, llega el momento del movimiento, la parte más importante del tratamiento, y que se debe mantener en el tiempo. Durante esta fase, el deportista no debería correr todavía, o al menos no en las primeras semanas. En ella se instaurará un programa de ejercicio terapéutico, como he comentado antes, que incluirá siempre un trabajo de fortalecimiento glúteo, equilibrio, propiocepción, así como estiramientos de la BIT. Además, el paciente podría nadar o realizar otras actividades inicialmente siempre que no le provoquen dolor. Se recomienda también revisar y trabajar la técnica de carrera si fuera necesario por un especialista.

La reincorporación a la carrera será progresiva y cuidadosa en esta fase, parando si apareciese dolor y aumentando la intensidad del entrenamiento de modo gradual.

El estudio biomecánico de la pisada también puede considerarse, ya que a veces una alteración de la misma contribuye a la aparición de la lesión. Un podólogo especializado puede valorarte en estático, durante la marcha y durante la carrera y determinar si es recomendable colocar plantillas correctivas o alguna otra ortesis.

En pacientes crónicos, tras en fracaso del tratamiento conservador, se consideran otras opciones de tratamiento como las infiltraciones de corticoides y la cirugía.

¿El foam Roller es una opción de tratamiento?

El foam Roller es un cilindro más o menos duro que se está utilizando últimamente mucho por los deportistas sobre todo para la liberación fascial. Teóricamente debería funcionar porque quitar tensión en la banda iliotibial es una de las cosas que conviene realizar en estos casos. He estado buscando por las bases de datos y no he encontrado apenas investigación sobre este implemento, y nada referido al síndrome de la cintilla iliotibial. Por tanto, no puedo afirmar ni que sí ni que no, si te apetece pruébalo y si ves que te alivia puedes usarlo.

En conclusión, el síndrome de la cintilla iliotibial es una lesión un tanto insidiosa que puede llegar a desesperar a los que la sufren, pero tienen que entender que, importantísimo, hay que parar la actividad deportiva por un tiempo (la mayor barrera a la recuperación que me he encontrado es precisamente no querer parar, o precipitarse en el momento de reiniciar la carrera) y hay que fortalecer otros grupos musculares que a lo mejor teníamos olvidados; del mismo modo, acudir al fisioterapeuta puede ser una buena opción para recuperar mejor y con más garantías.

Bibliografía

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